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FOLK-HORROR EN VIÑETAS (Mignola, Hellboy & El Hombre Retorcido)


Es un tanto complicado elegir una historia por encima de otra cuando cierto personaje de cómic tiene varios años publicándose. Y aunque Hellboy vio la luz en 1993 su creador, Mike Mignola [EU, 1960], nunca ha dejado de presentar historias para su diablillo en la editorial Dark Horse. Escritas todas por él y con ayuda de otros co-argumentistas, pero no dibujadas totalmente por su lápiz, ha elegido con buen tino a un puñado de dibujantes excepcionales, algunos casos con vasta experiencia [el tristemente finado Richard Corben; Kevin Nowlan, Gary Gianni, P. Craig Russell y Duncan Fegredo] y otros más noveles pero igualmente efectivos, como los gemelos brasileños Gabriel Bá & Fabio Móon. Emergido bajo el auspicio de los Ocultistas Nazis durante la II Guerra Mundial, el mitad humano mitad demonio Anung un Rama (alter ego de H.B.) fue bien recibido por las Fuerzas Aliadas y literalmente adoptado por el profesor Trevor Bruttenholm, creador del BPRD [Bureau for Paranormal Research and Defense], agencia estadounidense encargada de investigar y batallar contra el ocultismo, lo paranormal y lo supernatural, en la cual el cornudo se formó como agente. Su aspecto es único, atemorizante y espectacular: altísimo (2.10 metros), piel roja, cuernos de demonio (que él mismo cercena), pies de cabra, cola y una larguísima mano derecha de piedra que es la llave para el Apocalipsis [no por nada, al Rojo lo conocen como ”La Mano Derecha del Destino”]. Como es obvio, la magia y las ciencias ocultas son caldo de cultivo para que Mignola desgrane a su conveniencia el folclor europeo, africano y hasta mexicano --momias y lucha libre de por medio-- y coloque allí a su bestia, donde a pesar de un esquema demasiado pueril [misterio, monstruo y pelea] hay momentos sublimes para el verdadero horror, para la investigación detectivesca, para la fe, para los escudos religiosos y, especialmente, para la amistad y las relaciones interpersonales entre su ‘padre’ Bruttenholm y los demás agentes del BPRD: Liz Sherman, Abraham ‘Abe’ Sapien, Roger El Homúnculo, Kate Corrigan, Johann Krauss y el capitán Ben Daimio. Quedarse con el personaje que presentó Guillermo del Toro en su díptico para la pantalla grande es un mero bosquejo, un tanto superficial y para nada absoluto, porque no deja de ser eso: una adaptación. Eso sí, las dos películas del tapatío (“Hellboy”, 2004, y “Hellboy II: The Golden Army”, 2008) están muy por encima del reboot titulado “Hellboy: Rise of the Blood Queen” (2019), de Neil Marshall, que resultó un pastiche poco imaginativo, insulso y decrépito. En México, Smash Comics [perteneciente a Grupo Televisa, poseedora de las licencias de DC y Marvel] publicó 12 tomos con prácticamente casi todo lo aparecido por el Big Red, abarcando su primera miniserie, “Seed of Destruction” (1994, con la estimable colaboración en el guión de John Byrne), hasta “The Storm” y “The Fury” (2012), quedando sólo pendientes “Hellboy in Hell” y “Hellboy in México”. De entre todas esas historias cortitas, números únicos, miniseries o series largas destaca por encima del resto “The Crooked Man and others” (“El Hombre Retorcido y otras historias”, tomo 10 de Smash), porque es primera vez que Mignola se atreve a pisar suelo americano para su engendro y el resultado es un extraordinario acercamiento al folk-horror. Es aquí donde el aislamiento, el entorno rural, la desasosegante naturaleza, la religión, las fuerzas oscuras

y sobrenaturales convergen en una sublime pieza gótica. En ella, nuestra Bestia del Apocalipsis es un mero espectador, cediendo el protagonismo a los habitantes de los Montes Apalaches (cordillera este de Norteamérica). En 1958, HB investiga el embrujamiento de una mujer y en ese momento conocemos a Tom Ferell, quien reaparece luego de vagar por muchos años, a raíz de su acercamiento siendo joven con poderes demoniacos que nunca entendió del todo. Juntos, buscan al papá de Tom y desentrañar el misterio que los rodea. A partir de este momento, la sucesión de escenas estrujantes y bien diseccionadas hacen de esta historia una rara avis dentro de la historieta. Brujería, muertos vivientes y especialmente el recolector de almas que da el nombre al título, muestran lo escalofriante de esas fuerzas. Mención aparte merece el diseño del Hombre Retorcido: su sola aparición pone los pelos de punta. Mignola se preocupa por darle un pasado y en un alarde de economía de recursos (¡una sola página!) conocemos el trágico y demoniaco destino de Mr. Witkins. Como el creador mismo lo refiere, siempre quiso que esta historia en particular la dibujara Richard Corben [EU, 1940-2020]. Este excelso artista, de líneas gruesas y amante de los cuerpos generosos y herculíneos, con amplia carrera que abarca Sci-Fi, terror y sensualismo casi siempre conjuntados, hizo suyo el Mignolaverso y dejó para siempre unas viñetas cargadas de simbolismo, carácter y contundencia. Su Hellboy es más inmenso, más grueso, más definido; las brujas son agresivamente sexuales [así es el estilo corbeniano]; sus bosques son intimidantes; sus iglesias en ruinas, poco menos que lúgubres… Una ambientación idónea para explotar el magnífico arte de Corben, con el pulcrísimo color de Dave Stewart, sempiterno comparsa en las publicaciones de Hellboy. Y por si fuera poco, “The Crooked Man” (publicado en 2008) tiene quizás el mejor final de las historias del cuernecitos, el aspecto más cuestionable a Mignola como escritor. Ello se vio reflejado en el Premio Eisner 2009 como Mejor Serie Limitada. Además de esta joya de tres números, el tomo contiene dos one-shots y una historia corta. El primero es “Perdiendo la cabeza en el mar” [“They that go down to the Sea in Ships, 2007], que versa sobre el paradero de, literalmente, la cabeza del infame Barbanegra, que Joshua Dysart escribió basado en la historia corta de Mignola, y que dibujó Jason Shawn Alexander con un estilo ‘sucio’ y plagado de líneas pero carente de fondos. Un trabajo mediano, sólo anecdótico por su temática pirata y la aparición de ‘Abe’ Sapien. El segundo es “En la capilla de Moloc” [“Hellboy: In the Chapel of Moloch”, 2008], que sirvió para Mignola volviera a la mesa de dibujo luego de algunos años y con el pretexto de “copiar” (así lo definió él mismo) la obra de Francisco de Goya [España, 1746-1828] y ubicarla en Portugal. Mucho mejor desarrollada, sirve para disfrutar el exquisito y atmosférico arte.


Y por último, “La verruga” [“The mole”, 2008], historia de apenas ocho páginas que destaca por el arte de Duncan Fegredo, excelso narrador que toma el protagonismo en las miniseries siguientes, que definieron para siempre el devenir de HB: “La Oscuridad Llama” (2008, miniserie de 6 números, tomo 8 de Televisa), “La Cacería Salvaje” (2010, 8 números, tomo 9) y “La Tormenta” y “La Furia” (2012, ambas de 3 números, recopiladas en el tomo 12). “La verruga” sale ganando por dos cuestiones: el juego de cartas entre nuestro protagonista y tres fantasmas, así como el sueño premonitorio de la fatalidad --¡emanado del grano mismo!-- que se avecina para él. El tomo 10 de Editorial Televisa consta de 192 páginas con traducción de Grumer [así refiere la hoja de créditos editoriales], una introducción de Gahan Wilson, 12 páginas de sketchbook y la joya de la corona es un extenso ensayo sobre el escritor pulp Manly Wade Wellman, a cargo de John Pelan, autor de “ficción rara”.


Luís Enrique "Caupolican" Sánchez


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